Fiestas clandestinas: zonas de alto riesgo

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Los últimos casos de un joven en Moreno y el papá de una chica en Córdoba muertos por festejos de este tipo generan alarma

Fiestas clandestinas: zonas de alto riesgo

06.10.2016 | Asociaciones civiles señalan que las reuniones nacieron de la mano de gente vinculada a boliches, pero que ahora ha cambiado el manejo. Reina el descontrol. Especialistas aconsejan a los padres poner límites a los chicos y dialogar sobre este fenómeno que incluye a las redes sociales.

Por Sergio Limiroski
Cada fin de semana, a partir de convocatorias por redes sociales, aparecen las llamadas “fiestas clandestinas” que se habrían acrecentado luego de la prohibición de las fiestas electrónicas en la ciudad de Buenos Aires, tras el incidente de Time Warp donde cinco jóvenes murieron por consumir drogas de diseño.

El problema es que en estas fiestas no hay controles, convirtiéndose en lugares donde pueden quedar en peligro la vida de los asistentes, muchos de ellos menores de edad.

Un ejemplo de esto ocurrió el fin de semana pasado cuando en una quinta de Moreno se realizó la fiesta “Proyecto XXX”, donde se enfrentaron grupos a palazos y a tiros, con la consecuencia de un joven muerto.

“Este tipo de fiestas particulares existen desde hace mucho tiempo”, señala a La Prensa María Pía del Castillo, directora ejecutiva de la Fundación Padres. “En este caso como en muchos otros aparecen condimentos especiales como la violencia extrema”.

Los riesgos para los chicos, de todas formas, señala del Castillo no solo están en estas fiestas sino muchas veces dentro de sus mismas casas. “Están las llamadas previas que nacieron para esperar ir al boliche pero hoy ya es una actividad propia de fin de semana. Se hacen en la misma casa de los chicos, donde se consume mucho alcohol”, agrega del Castillo.

Según la directora “la previa de los menores de edad es hoy el gran problema. Los padres suelen habilitar alguna casa para que los chicos la hagan, con la falsa creencia de que si los chicos están en casa están más cuidados”.

“El tema -continúa- es que se está amparando una situación donde se viola la ley, se permite que menores ingieran alcohol o en varios casos marihuana que también está corriendo mucho”.

Una investigación realizada por la Fundación además mostró que en la mayoría de los casos los padres si bien les dejan la casa a los chicos para que hagan “la previa” ellos no están presentes. “Los dejan solos, o sea que terminan desprotegidos”.

Así, expresa del Castillo es como aparecen casos de jóvenes que tienen que ser internados por coma alcohólico. “A veces no hay buena información de los efectos nocivos de la droga o el alcohol. Y entonces ocurren las situaciones de alto riesgo”.

¿Que pasa con los límites, por qué los padres facilitan las previas o no saben que fueron a una fiesta clandestina? del Castillo opina que “hay desconocimiento y mucho miedo a enfrentarse a los hijos. El adulto dice “prefiero no tener conflictos, y dejo que haga lo que quiera”.

El problema -continúa- es que la adolescencia es la edad para confrontar. Los chicos no tienen con quien confrontar, quien le ponga un límite, y ahí empiezan los problemas. Los adultos muchas veces pensamos que evitando el conflicto vivimos en armonía con nuestros hijos y es al revés”.

Del Castillo indica que “cuando uno habla con jóvenes con adicciones observa que no han sido guiados, no han tenido límites. El límite es fundamental porque establece lo prohibido y también lo permitido”.
Desde la Fundación Padres destacan que también es muy importante fomentar en los chicos la autoestima. “La autoestima promueve el respeto a uno mismo y entonces no hace cosas que puedan dañarlo”.

Claudio Izaguirre, presidente de la Asociación Antidrogas, en tanto, opina que el problema de las fiestas clandestinas no tiene que ver por la prohibición de las fiestas electrónicas sino que es un tipo de festejo de largo tiempo.

“Con las leyes de nocturnidad, se empezó a buscar lugares para que pudieran acceder los más jóvenes ya que en muchos casos a los boliches no entraban y cerraban a cierta hora. Entonces se empezaron a alquilar quintas para seguir con la fiesta al salir de la disco”,comenta.

“El tema -continúa- es que estas fiestas de tipo privados pasaron a ser públicas, ya que se cobra una entrada. Es decir deben tener los controles correspondientes del municipio y la policía”.

Estos encuentros se fueron incluso complejizando más, cuenta Izaguirre, con la presencia de azafatas que en micros van llevando a los jóvenes a destinos que no son donde se citan para burlar controles.

“Este tipo de fiestas hoy se popularizaron mucho, y se convirtieron en espacios libres para la venta de drogas y alcohol. Y, como hemos visto en el caso de Moreno, se hacen convocatorias para las peleas”.

Para Izaguirre a estas fiestas van muchos jóvenes con la idea de pasar un buen rato y tomar un trago, pero quedan en medio del descontrol. “Quedan en medio de enfrentamientos y no tienen posibilidad de escapar. Nadie los cuida en estos lugares y entonces corren serios riesgos”.

El especialista indica que la culpa de esta situación no es de los chicos sino de los mayores. “Es hora que tomemos los adultos en serio este problema. El estado tiene que controlar y ver el negocio que hay detrás de este tipo de eventos”.

Oscar Castellucci, responsable de la Asociación Civil Martín Castellucci -el joven hijo de Oscar que fue muerto a golpes por un patovica en la puerta de la disco la casona de Lanús hace ya diez años- señala que viene hablando de las llamadas fiestas clandestinas hace más de un año.

“Estas situaciones ya se venían perfilando, pero nadie le prestó atención desde lo institucional. Ahora estamos ante un panorama complejo”, dice Castellucci, quien señala que ste tipo de fiestas comenzaron a organizarse con gente vinculada a los boliches.

Castellucci pone como ejemplo la fiesta clandestina realizada el primero de enero pasado, “La Frontera”, realizada en la zona de La Plata donde murió una joven ahogada en una pileta.

“Allí se comprobó que había en la organización gente vinculada a la noche, las discos. Es una manera de burlar controles ya que funcionan fuera del sistema. No se sabe cuanto se recauda, quien controla”, expresa Castellucci.

El mayor problema, expresa el padre de Martín es que de a poco esta situación se le fue yendo de las manos a los mismas personas de los boliches. “Es como el aprendiz de brujo. Hay gente que aprendió este negocio y hoy se cortaron solos. Ahora ya ni la gente vinculada a boliches sabe como frenar esto”.

Castellucci expresa que la situación pasó a mayores con el descontrol en la fiesta de Moreno.“Ahí ya se desencaja todo. Aparece la violencia, las drogas. Y el Estado hoy no tiene mecanismos para seguir a estas organizaciones”.

Para el papá de Matías la solución para primero por la decisión política. “Sin colores políticos hay que empezar a ver cómo se enfrenta el problema. Esto implica ver que hace cada intendencia, combatir la ineficiencia y la connivencia”.
El hecho de que estos eventos se convoquen por redes sociales debe hacer pensar incluso en tener gente especializada en estas tecnologías. El trabajo pasa por “controlar y ordenar lo que existe, las prohibiciones no sirven, porque igual se van a hacer. Hay que hacer un seguimiento de las actividades y prevenir los hechos de violencia”.

“Las sociedades naturalizaron los comportamientos violentos”

La médica psiquiatra Verónica Mora Dubuc indica a La Prensa que las fiestas clandestinas“tienen que ver con algo cultural, o más bien una subcultura. Pero no sólo como una trasgresión, sino como una adaptación a condiciones adversas y complejas del medio, que incluye aspectos sociales, educativos, y fundamentalmente económicos”.

“La sociedad -continúa- es contradictoria en este sentido con sus mensajes. Nos propone insistentemente “hágalo ud mismo” pero luego..tu manera de hacer, se sanciona”.

La especialista, miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA) indican que “no es posible ignorar la necesidad de diversión de los jóvenes ni su tendencia a la trasgresión, como tampoco es posible dejar fuera la consideración de intereses de diversos actores, no necesariamente jóvenes”.

“Hoy los controles y las normas son de alta exigencia para su cumplimiento: seguridad, servicios, condiciones higiénico-ambientales y otras, implican costos difíciles de asumir y devienen en salidas fáciles con altos riesgos”.

La profesional menciona que “las conductas violentas y de riesgo se observan hoy en las fiestas, en la escuela, en la cancha y en la vereda. Porque en verdad las sociedades han naturalizado muchos comportamientos violentos, han perdido o disminuido mucho su percepción de riesgo y minimiza los daños”.

“Por otro lado, -agrega- hay conductas que despiertan malestar y tensión y no parece haber registro de ello hasta que se produce un fenómeno explosivo. O lo que es peor, en algunos contextos se valora y sobrevalora la conducta agresiva como aquella que permite el alcance del objetivo”.

¿Que pueden hacer los adultos para cuidar a los chicos? Contesta Mora Dubuc: “como en cualquier evento, hay que atender a los criterios de seguridad y cuidado razonables. Informarse, consultar sobre lo que no se conoce a quienes ya han tenido experiencia, acordar las reglas para convivir sanamente con los participantes y organizadores. Identificar los riesgos alertando sobre ellos y tratar de prevenir los daños”.

Prevenir desde la crianza dando lugar a la palabra

“Este descontrol que se observó en las fiestas clandestinas no es un fenómeno que se de solo en la juventud, ni que incluya a toda. Es un fenómeno parcial”, indica a La Prensa la psicoanalista Diana Sahovaler de Litvinoff.

Lo nuevo para la profesional, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) es la convocatoria a través de las redes sociales. “Estas convocatorias permiten una mayor masividad. Así la joven de Córdoba logra invitar a más de 500 personas, se hace inmanejable”.

La especialista indica que siempre se da cierta situación de rebeldía en los adolescentes, por ejemplo para armar una fiesta. Sahovaler de Litvinoff aclara que “hay que pensar que estos fenómenos donde aparece la violencia es social, no la provoca ni internet ni las redes sociales”.

Para la psicoanalista hay que entender a Internet “como si alguien deja la puerta abierta. Los padres tienen que explicar a sus hijos que permite entrar cosas buenas y malas. Hay que enseñarles como cuidarse”.

La psiquiatra Nora Leal Marchena, por su parte expresa que “cuando se analizan conductas sociales ligadas al vandalismo y la violencia es necesario reflexionar sobre las características de la sociedad en que vivimos”.

“En los últimos años hemos sido testigos del desplazamiento de la palabra y el lenguaje por la imagen y la acción. Esto tiene consecuencias serias. El desarrollo neurocognitivo y psicológico depende en gran medida del uso del lenguaje. Cuando se enseña a leer, se cuentan cuentos, se habla y se escucha a los chicos se incentiva el desarrollo del lenguaje y de pensamiento simbólico”, expresa la miembro de APSA.

“El pensamiento simbólico -continúa- esta encadenado mediante lazos que ayudan a cimentar el lazo social, da lugar a la reflexión, al poder mediatizar las respuestas luego de recibir los estímulos. Por el contrario el pensamiento desarrollado solo a través de la imagen es como un video clip, una imagen sucede a la otra sin nexos. Esto da lugar a respuestas violentas ante cualquier estímulo”.

Leal Marchena expresa que “la prevención de todo esto está en la crianza, en la educación, rescatando el valor de la palabra, de la amistad, del compañerismo y la solidaridad enseñando a ponerse en el lugar del otro para acompañar y ayudar en lugar de destruir”.

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